El diccionario lo define como un accidente geográfico formado por una masa de tierra que se proyecta hacia el interior del mar.
Pero hay muchos cabos en un cabo. Y para mi el Cabo son días de sosiego y tranquilidad, de rutina diarias, de disfrute con lo pequeño, de lo sencillo que se paladea con el mismo placer que los higos recién comprados a José, el hombre que los vende en la calle, aún con el olor de la higuera prendido en la piel. Son días de paseos por esa orilla que se resiste a ser pisada, del agua transparente que te acaricia la piel, de mercadillo semanal , "¡qué mira que melocotones traigo!", de compras diarias en Angelita, o en la carnicería, en el Covirán, o de pescado fresquísimo en los niños, el único puesto que hay en la plaza y del pan recién horneado de Lola; de biblioteca cálida y bien surtida, del periódico en la placita y de desayuno al fin con una visión de mar.
Y sobre todo, días con horas para estar con quienes quieres, con las amigas y amigos con los que se comparten ritos, mar, noche, la inevitable escapada a Nijar a comprar cerámica y alguna caboiriña en El Cabo, con los hijos que aún vienen a este rincón mágico, y con la persona que me ensaliva el corazón.
Mi cabo es San Miguel de Cabo de Gata, una barriada de Almería, a unos 18 km de la capital. No es glamurosa, es familiar y con lo preciso, pero tiene los ingredientes justos que me proporcionan la felicidad que todos los años, por agosto, me comienza a borbotear cuando empezamos a divisar las montañas del Cabo de Gata, y la huelo e imagino los atardeceres sobre la bahía de Almería, sus luces nocturnas, la silueta de la iglesia de La Almadraba de Monteleva a lo lejos, las charlas en la playa, las risas, los reencuentros, y de manera inconsciente me relamo los labios, como haré cuando me compre la primera magdalena de chocolate e inaugure mi verano en el Cabo.
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| Los paseos matinales |
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| Llegando a Salinas |
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| Pesca de las barcas |
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| Una de las pocas casas tradicionales que aún quedan |
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| Arrecife de las Sirenas, junto al Faro de Cabo de Gata |
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Algunas de las construcciones que se crearon
para las Salinas, producción de sal que aún continúa |
Para ver algo más:
El cabo... donde el mar se abraza a los acantilados, o quizás donde la costa besa el mar, envidiándose mutuamente, buscándose, mirándose, enamorándose. El cabo es un sentimiento, una atracción, que apenas se deja atrapar por los sentidos, por eso siempre volvemos al Cabo, buscando aquella luz, aquella mar que dejamos en agosto y anhelamos todo el año.
ResponderEliminarClaro corazón, sabes de lo que hablo, y por eso a su vez el Cabo nos espera a nosotros. ¡Qué hermosa simbiosis!
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